Rosquillas de anís y naranja

Dulces embrujados/ abril 2, 2018/ blog, Dulces Tradicionales/ 0 comments

Las rosquillas son un dulce típico de la Semana Santa, si ya se… se acaba de terminar…pero es que, eso de tener que trabajar los días de las fiestas ha hecho que no tuviera tiempo de escribir la entrada.

 

 

De todos modos aunque se haya pasado la Semana Santa ya os digo yo, que si las hacéis fuera de tiempo no os va a importar en absoluto por que están requetebuenas .

Estoy segura que en estos días, no ha habido pueblo en toda la geografía española en la que no se hayan hecho rosquillas en alguna casa.

La tradición, es hacer las rosquillas con la receta de la abuela que siempre pasa de manos a hijas. Lo mejor es hacerlas acompañada ya que lo ideal es ir formandolas, friéndolas y rebozandolas en el azúcar de seguido, y una sola… como que no da abasto… Además las rosquillas siempre hay que hacerlas en familia que es como manda la tradición.

 

 

Recuerdo hace años en el pueblo, cuando se ponían mi madre y “La Paca” a hacerlas, preparaban un montón de rosquillas que luego se repartían entre las dos casas. No se las que hacían, pero os puedo asegurar que muchísimas por que las iban echando en un barreño azul y lo llenaban. Después La Paca (y pongo el “La” delante del nombre porque así lo quería ella), sacaba la limonada de Semana Santa que había preparado y teníamos merienda lista (que conste que ya era mayorcita y podía tomar limonada, eh!!?)

En este caso las hice con mi madre, la abuela Carmela para mis hijos y entre las dos en menos de una hora y media las teníamos listas. Es una receta distinta a la que hacia La Paca pero se la quiero dedicar a ella.

 

 

Ingredientes

(Unas 36 unidades)

160 ml de aceite de oliva

Una rama de canela

Piel de ½ limón (sin parte blanca)

Piel de ½ naranja (sin parte blanca)

Ralladura de ½ limón

Ralladura de ½ naranja

3 huevos L

250 g de azúcar

70 ml de anís dulce

80 ml de zumo de naranja

700 g de harina de repostería (aproximadamente, la que admita)

3 sobres (dobles) de gaseosas

Aceite de girasol (para freír)

Azúcar y canela para rebozar

 

Elaboración

En una sartén ponemos el aceite de oliva junto con la piel de limón, la de naranja y la rama de canela a fuego medio para que se frían. Cuando ya estén fritas (cuidado que no se quemen que nó valdrá el aceite), quitamos del fuego y dejamos que se enfríe. A los 10 minutos retiramos las pieles de naranja, de limón y la canela y dejamos que enfríe por completo.

En un cuenco grande echamos los huevos y el azúcar y batimos con unas varillas hasta que hayan espumado.

A continuación agregamos el anís, el aceite de oliva en el que hemos frito las pieles, el zumo de naranja y la ralladura de limón y naranja. Batimos con las varillas hasta que esté todo mezclado.

 

 

Echamos la harina (inicialmente unos 600 g) con los sobres de las gaseosas y mezclamos con una cuchara de palo hasta que ya no podamos manejarla así. Pasamos la masa a la encimera ligeramente aceitada y empezamos a amasar a mano con las manos también aceitadas. Iremos agregando poco a poco la harina que no hemos utilizado hasta que la masa esté manejable  y no sea pegajosa al tacto.  Puede que hayamos usado los 700 g, un poco más o un poco menos, dependerá de la harina, unas absorben más agua que otras, por eso necesitaremos más o menos.

En una sartén honda ponemos aceite de girasol a fuego medio – alto, el suficiente para que cubra las rosquillas.

En un plato echamos azúcar y canela en polvo, mezclamos y reservamos para rebozar las rosquillas una vez fritas.

 

 

Cogemos dos porciones de masa del tamaño de una nuez, hacemos una bola con cada una de ellas, ponemos una encima de la otra aplastándolas un poco y hacemos un agujero en el centro para dar la forma de rosquilla. Echamos en el aceite caliente (no tiene que estar muy caliente que si no se arrebataran y quedaran crudas por dentro) y con el mango de una cuchara de palo le damos vueltas en círculo hasta que salga a la superficie. De esta manera conseguiremos que no se cierre el agujero del centro.

Cuando ya estén doradas por un lado, se les da la vuelta para que se terminen de hacer por el otro y se ponen en un papel absorbente. Estando aún calientes, pero que no nos quemen al tacto, las pasamos por la mezcla de azúcar y canela para que se impregnen bien.

 

¡¡Ya están listas las rosquillas, solo necesitamos que se enfríen para empezar a deleitarnos con ellas!!

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